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Trabajo, lucha y sueños (Dra. Judith Aular de Durán)

Esta semana se conmemoró el Día Internacional del Trabajador, digo se “conmemoró” porque no se pudo celebrar nuestro día ante la grave situación que afecta a los trabajadores de nuestro país, especialmente los universitarios. La lucha por nuestros derechos se ha intensificado en los últimos días, exigimos un salario que pueda cubrir la cesta básica, para poder vivir dignamente acorde a los principios constitucionales y de los derechos humanos. El poder adquisitivo de los venezolanos se encuentra en franco deterioro y la calidad de vida también ha desmejorado. Es necesario que se tomen acciones contundentes para devolverle al pueblo esa capacidad para seguir adelante y luchando por lo que por ley nos pertenece. Tenemos que tener muy en claro que la hiperinflación carcome un salario mínimo y que una familia que solo se sustenta con este ingreso no subsiste en la actualidad. A los universitarios no se nos ha respetado la contratación colectiva única, que está vencida desde diciembre y necesita renovarse. Nos corresponde un salario superior a lo que está establecido en las tablas actuales, no es posible que un profesor titular a dedicación exclusiva devenga un sueldo base de BsS. 37.255. Es difícil sobrevivir con este sueldo.

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Trabajo, lucha y sueños (Dra. Judith Aular de Durán)

Dolor en Rafito Villalobos: Entre lágrimas, llanto e impotencia velan a la familia que murió arrollada en la avenida Universidad de Maracaibo

Foto: Rafael Bastidas Su mirada se encuentra perdida. Sus ojos se notan rojizos a causa de las desenfrenadas lágrimas que se deslizan por su rostro; lágrimas que no han cesado desde que la maldad a manos de un irresponsable al volante le truncó el existir a su único hijo, único nieto y  primera nuera. Así se evidencia Ángel Acosta, quien no se separa de los tres féretros que hoy tiene en medio de la sala de su vivienda, en el barrio Rafito Villalobos , con los cuerpos de tres de sus seres queridos. En esa pequeña casa que se encuentra colmada de una muchedumbre que llora estas muertes están las urnas: dos de color marrón, donde reposan los cuerpos de Ángel Alberto Acosta Guerrero (21) y su concubina Maira Carolina Ramírez Ramírez (26); en otra urnita de color blanco que se encuentra sobre el féretro de Maira está el cuerpecito  del pequeño Santiago Manuel Acosta Ramírez, de tan solo 6 meses de nacido. Todos murieron arrollados el pasado domingo en la avenida Universidad de Maracaibo. La tragedia mantiene paralizado el andar de los parientes. Unos entre otros se miran, se abrazan, lloran, se aprietan las manos para drenar la rabia e  impotencia que los envuelve. El responsable de este lamentable hecho se encuentra huyendo. El futuro de la familia quedó truncado por un irresponsable que manejaba una camioneta 4Runner, color negra, y según testigos, viajaba a exceso de velocidad y lo que se presume bajo los efectos del alcohol. Esa funesta mañana del domingo, el trió se desplazaba en una moto por la referida avenida con destino a su vivienda.

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Dolor en Rafito Villalobos: Entre lágrimas, llanto e impotencia velan a la familia que murió arrollada en la avenida Universidad de Maracaibo

Gemela sintió por meses los síntomas del cáncer que desarrollaba en su hermana

Foto: Agencia En el año 2017 en Edimburgo, Inglaterra, un caso que involucraba a dos hermanas gemelas , conmocionó a la opinión pública de dicha ciudad. Se trata de Megan y Sophie Walker, unas gemelas idénticas que han tenido que lidiar con una terrible enfermedad que afectó a las dos desde el principio. Según relataron los medios locales, Megan comenzó a mostrar síntomas de estar enferma, mientras que Sophie continuaba sana y alegre.

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Gemela sintió por meses los síntomas del cáncer que desarrollaba en su hermana

La triste y precaria vida de Martín, el ABUELITO CON DISCAPACIDAD que habita en la azotea del olvido en la 74

En el olvido, así continúa Nelson Martín Rodríguez (53), en la azotea del olvido. Una rutina que parece interminable para él: despertar, orar y dar gracias a Dios por “un nuevo día”, asearse, vestirse y bajar cuidadosamente las escaleras del lugar donde reside, sí! cuidadosamente, porque solo cuenta con una sola pierna y un par de muletas que lo ayudan a desplazarse de un lugar a otro. Sale de su bien edificado, pero humilde hogar y saluda a cuanto residente cercano pasa y finalmente se sienta bajo “la matica” para empezar a hacer su trabajo: cuidar carros, frente a un café de una de las calles de Maracaibo. Así transcurre para él cada hora, cada minuto de su vida, ante la ausencia familiar, pero acompañado de vecinos y clientes quienes le conocen, le han tomado cariño y le proporcionan ayuda de vez en cuando con propinas, alimentos, ropa entre otros productos de primera necesidad. Un año y cinco meses aproximadamente han transcurrido desde aquella vez que se conoció la triste historia de una familia que se amoldó a vivir en una zona totalmente diferente al entorno de dónde provenía y que, al no contar con cuatro buenas paredes donde alojarse, “Martín”, como cariñosamente es conocido el abuelito, su hijo Junior, la esposa de este último y sus dos hijos pequeños hicieron parte de su vida en la intemperie; cocinaban encima de dos bloques y una parrilla de nevera, bebían agua fría porque de vez en cuando compraban una bolsa de hielo, ante la falta de nevera, pero, eso no es todo, se bañaban con un tobito de agua ubicado en los jardines ,porque en dicha construcción baños no hay. Lea también:  DRAMÁTICA HISTORIA de una familia que vive en la azotea del olvido: Claman por trabajo y una casa En un área de clase social pudiente, una edificación que quizás muchos no hayan notado o no les ha llamado la atención, puesto que a simple vista la estructura parece compaginar con las demás en la zona, todo simula ser “normal”. Sin embargo, al ingresar a ella el ambiente es totalmente diferente. Se trata de una subestación eléctrica que fue abandonada por sus propietarios hace muchos años. Situada en la calle 74 con avenida 3-F del sector La Lago, parroquia Olegario Villalobos, la construcción a medio terminar pasa desapercibida para algunos transeúntes y, contradictoriamente, mientras en las residencias cercanas no faltan los lujos y las comodidades, en este lugar  en particular, donde habita Nelson, sobran las carencias. Pensamos que ya no estaba, pero la cocina improvisada: una parrilla de horno apostada sobre un par de bloques, unas tablas sobre ladrillos, con un colchón deshilachado y en precarias condiciones, que a la vez hace de cama, un cajón de madera utilizado como “mesa de noche”, son algunos de los objetos que “adornan” el espacio donde reside todavía Martín; ahora en soledad, pues su hijo y familia decidieron formar parte de la población migrante del país

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